lunes, 17 de noviembre de 2008

Iberismo

Palabras clave: Iberismo, España, Portugal, José Saramago

Por Ignacio López-Calvo
Publicado en El Adelantado de Segovia





Para sorpresa de propios y extraños, hace unos meses dos premios Nobel de literatura, Günter Grass y José Saramago, empezaron a abogar por la creación de un estado ibérico federal en el que quedarían unidas España y Portugal. En el caso de Saramago, se atrevió incluso a profetizar que Portugal acabará siendo una región autónoma más de España, formando así parte de un nuevo estado que se llamará Iberia. Como Cataluña o el País Vasco, añadió, Portugal mantendría tanto su lengua como su cultura. El beneficio para Portugal, en su opinión, vendría sobre todo en el plano del desarrollo económico.

Claro, mi primera reacción al leer estas noticias fue: ¡¡Nos quedaríamos con Cristiano Ronaldo para la selección nacional!! No, ahora en serio, aunque nunca me lo había planteado, pensé: ¿y por qué no? Lo primero que se me vino a la mente fue que eso a la mayoría de los portugueses no les haría mucha gracia, pero ¿y a los españoles? ¿Quién sabe? quizá sea algo que se podría sopesar de alguna manera. Según las encuestas, un 28% de los portugueses preferirían vivir en una confederación ibérica,
mientras que en España, el 45,7% estaría contento con la unión de los dos países. Un asunto que provoca muchas más discrepancias, como es de esperar, es la ubicación de la capital de la hipotética Iberia (lógicamente, los portugueses prefieren Lisboa y los españoles, Madrid) y si los portugueses aceptarían a Juan Carlos I como su rey.






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Hace muchos, muchos años que españoles y portugueses compartimos pacíficamente la Península Ibérica, varios de sus ríos y un mismo clima. De hecho, para los romanos, los visigodos y los árabes, éramos prácticamente la misma región. Y, como es bien sabido, entre los años 1580 y 1640 se unieron los dos países bajo la corona de Felipe II, quien, como hijo de Isabel de Portugal, “heredó” (con ayuda de su poderoso ejército) el trono lusitano a la muerte del rey Sebastián. Más recientemente, con la entrada simultánea de los dos países a la Unión Europea, la cooperación ha incrementado notablemente. Prueba de ello son las cumbres ibéricas que se producen cada año.


Sin duda, el hecho de tener el país más extenso de la Unión Europea y el contar con más escaños en el parlamento europeo (serían diez millones más de habitantes) daría mucho más peso específico a la hipotética confederación ibérica en Europa. Entre muchos otros iberistas españoles se encuentran nada más y nada menos que Menéndez Pelayo y Unamuno. Saramago se ha convertido ahora en la nueva punta de lanza de lo que se conoce como el iberismo y que, ya en el siglo XIX, proponían los liberales de los dos países. Mientras que unos optaban por la versión dinástica (con Pedro I, el emperador de Brasil, como candidato al trono), otros preferían una república común, inspirada en los movimientos de unificación de Italia y Alemania.


De nuevo, no es que esté abogando directamente por la unificación de los dos países, pero no veo qué tendría de malo indagar los pros y los contras. En estos tiempos de nacionalismos divisorios y ensimismados, quizá podríamos ver las cosas de otra manera y eliminar fronteras en nuestra península, ya que parece que la Unión Europea marcha a cámara lenta.


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