lunes, 24 de noviembre de 2008

Turismo alternativo para Segovia

Palabras clave: turismo, racismo, judería, Hoces del Duratón

Por Ignacio López-Calvo
Publicado en El Adelantado de Segovia








“Si creemos absurdeces cometeremos atrocidades” (Voltaire)

Una de las cosas que tiene lo de vivir fuera es que uno está un poco “desconectado” y, cuando vuelve, los amigos y familiares se encargan de recordárnoslo. Sin embargo, la distancia también te proporciona una perspectiva que tiene sus ventajas. En mi caso, creo que conozco Segovia mucho mejor desde que me fui, ya que eso me permite ver las cosas “desde fuera” y contrastar cosmovisiones diferentes. En ese sentido, y a riesgo de caer en lo “políticamente correcto” (en el sentido negativo del término), voy a mencionar unas cuantas cosas que antes pasaban desapercibidas para mí y que ahora me chocan.

Hace unos días El Adelantado publicaba un artículo en el que se citaba al director del Observatorio Socioeconómico de Segovia, Juan Antonio Folgado, quien se lamentaba de que “el turismo obtendrá un repunte este año después de un 2005 un tanto ‘flojo’”. Y sí, la industria turística es vital para la economía de la región y necesita, sin duda, fomentarse. A tenor de dichas necesidades, se me ocurre, en principio, que se podría ampliar, diversificar y/o mejorar la oferta, invirtiendo en cosas obvias, como el que haya más cursos de castellano para extranjeros, o quizás en objetivos más heterodoxos como el turismo ornitológico (pienso en los buitres de las Hoces del Duratón, por ejemplo) y la ruta de las juderías, incluyendo en el itinerario, el cementerio del Pinarillo, que se limpió recientemente. Para este propósito, creo que se debería tener más cuidado a la hora de asegurarnos de que no se ofende al turista, que es quien nos deja las divisas, dándole una impresión equivocada de nuestra ciudad. Este verano, por ejemplo, paseando por la plaza que está detrás de la Oficina de Correos, donde estuvo la primera sucursal de la Caja de Ahorros, vi en uno de los muros un azulejo explicativo de una leyenda antisemita (otra más, como la de la antigua sinagoga del Corpus Christi donde se halla el cuadro antisemita del que ya hablé en otro momento) que dudo mucho que ayude a atraer el turismo interesado en visitar lo que queda de nuestra judería. Así reza el azulejo: “Alabado sea el Santísimo Sacramento. En reparación del sacrilegio cometido por los judíos en la iglesia de San Facundo sita que fue en este lugar los feligreses de la Santísima Trinidad colocaron esta inscripción con motivo de la catorcena el año MCMXL.” ... Y he aquí otra manera de mejorar la oferta de turismo alternativo, que supongo que ya se estará explotando: la ruta de las juderías. Me pregunto, dicho sea de paso, de qué sirve fomentar leyendas anacrónicas que no tienen el más mínimo valor histórico a no ser el de inmortalizar el antisemitismo que, por lo que se ve, debió de cundir en nuestra ciudad y que, afortunadamente, es cosa del pasado.

Los segovianos, según me cuentan, tenemos fama de ser gente agradable y simpática con los de fuera, por tanto me parece que convendría asegurarnos de que los turistas no se llevan la impresión equivocada cuando nos visiten. Por el mismo camino, se me viene ahora a la memoria la caricatura espantosa de un japonés con un gorro de bombín, los estereotípicos ojos rasgados y unos dientes que le llegaban a la barbilla que lucía el escaparate de una tienda en medio de la central calle Fernández Ladreda (no recuerdo si aún existe la caricatura o no; esperemos que no). Para mayor escarnio, el dibujito aparecía en las bolsas de plástico de la tienda, para asegurarse de que el turista japonés que comprara allí no se olvidara por un tiempo de lo que pensamos de él... Y qué no decir, y eso ya no tiene que ver sólo con Segovia sino con el resto del país, de las dichosas bolsas de Conguitos que uno ve en los quioscos. No quiero ni pensar la imagen del país que se deben de llevar los inmigrantes y turistas de raza negra cuando vean esas caricaturas aberrantes y de, por qué no decirlo, de otra época.

En fin, no es mi deseo el que este breve comentario “desde afuera” suene a sermón rancio. Nada más lejos de mi intención.



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